Ricos y pobres globales
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| WASHINGTON ha reunido este fin de semana a un número de manifestantes y disidentes que no se recordaba en la capital de Estados Unidos desde las protestas contra la guerra del Vietnam. Prevenidas las fuerzas del orden por los disturbios que marcaron el pasado diciembre la cumbre en Seattle de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la protesta con ocasión de la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial no ha sido tan efectiva, pero sí igualmente multitudinaria. Hasta los partidarios más firmes de las organizaciones económicas internacionales reconocen la necesidad de su reforma en profundidad y de dotarlas de mayor transparencia. | ![]() |
Es evidente que la diferencia entre ricos y pobres se ha ensanchado en los últimos
años, pero la globalización sólo es parcialmente culpable de este fenómeno.
Lo es en la medida que, combinada con la irrupción de las nuevas tecnologías,
ha propiciado la creación de enormes fortunas que hacen aún más sangrante el
hecho de que 1.200 millones de personas sobrevivan -es un decir- con menos de un
dólar al día.
Pero la prosperidad derivada de la globalización no ha quedado circunscrita a
un puñado de millonarios. Muchos países, especialmente en el Sudeste Asiático,
gozan hoy de rentas más elevadas gracias a su apertura al exterior.
En definitiva, no es de recibo la destrucción del medio ambiente, como no lo es
que el pago de la deuda externa absorba recursos excesivos de los países en vías
de desarrollo o que el FMI o el Banco Mundial actúen con arbitrariedad o
secretismo. Pero tampoco lo son las protestas que enmascaran el proteccionismo
de siempre, la receta más segura para la pobreza global.