10.07.2002

Habermas, contra Sloterdijk

LLEGA "EL FUTURO DE LA NATURALEZA HUMANA"

 

XAVI AYÉN, Barcelona

Hace poco más de dos semanas murió en Nueva York el científico Erwin Chargaff, pionero de los avances genéticos, una de cuyas últimas frases fue: "Hay dos núcleos que el ser humano no debió haber tocado jamás: el núcleo atómico y el núcleo celular. La ingeniería genética va a traer consecuencias mucho peores que la energía atómica". Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), uno de los principales pensadores de Occidente, publica ahora en España "El futuro de la naturaleza humana" (Paidós), su respuesta a las polémicas tesis de Peter Sloterdijk ("Normas para el parque humano", Siruela), partidario de introducir la selección genética para mejorar la especie humana. Habermas, localizado por "La Vanguardia" en Alemania, cree que "los que defienden que la genética se utilice para crear una elite no son mejores que los que quisieron crear una elite a partir de una raza", en clara referencia a los nazis.

El filósofo -que nos remite también sus declaraciones publicadas en la prensa alemana- admite que "la eugenesia no es un peligro que exista en este momento, no existen las posibilidades técnicas..., pero están a punto de darse". "Hemos de preverlo -añade- y actuar a tiempo, imaginando lo peor. La selección genética sobre las células sólo puede defenderse para evitar enfermedades graves, las que definamos así por consenso. La amenaza es que nuestra sociedad liberal ofrezca en el mercado características genéticas de los futuros hijos a los padres, la eugenesia liberal, lo que en EE.UU. ya llaman ‘shopping in the genetic supermarket’." Es decir, poder escoger el sexo, la altura, características físicas...

Para Habermas, las consecuencias de algo así serían gravísimas. "¿Qué pasa si el adolescente no está de acuerdo con lo que le han diseñado sus padres? Puede pedirles cuentas, y dejar de hacerse responsable de sus actos. Además, ¿cómo podemos saber lo que es potencialmente bueno para otros? Nadie puede saber si una ligera minusvalía no va a resultar una ventaja." Pero hay más: "Los hombres sólo son libres e iguales si no han sido predeterminados genéticamente", por lo que, de haber manipulación, "en la cabeza de los afectados tendrá lugar un cambio". "Su autocomprensión como seres humanos éticos y libres se verá afectada, porque habremos reducido enormemente la distancia entre las personas y las cosas, que son fabricadas según nuestra voluntad." Usando la metáfora divina, Habermas sostiene que "Dios determina al hombre en el sentido de que lo dota para ser libre y le obliga a serlo". "No hay que creer en las premisas teológicas -dice- para ver que si un par sustituye a Dios, se altera algo fundamental: la simetría e igualdad entre seres humanos", por lo que "el primer hombre que intervenga en la combinación casual de la secuencia cromosómica de otro" puede dar el primer paso para "destruir aquellas libertades que aseguran la diversidad de las personas".

Aunque Habermas evita citar a Sloterdijk por su nombre en el libro (a pesar de que admite que "es grande la tentación de batirse con el John Wayne de los intelectuales"), sí entra a rebatir las tesis de Hubert Markl, que ha afirmado que la dignidad del hombre es un concepto cambiante, una imagen que se transforma históricamente según los avances de la tecnología. "No estoy de acuerdo. La dignidad humana es una construcción que tiene sentido, muy necesaria, para la que no hemos encontrado alternativa, y la ética no puede subordinarse a la ciencia."

Habermas está convencido de que en Europa no se dan, hoy en día, resquicios legales para la eugenesia: "Las constituciones la prohíben".