JOSEPH E. STIGLITZ: "¡Hay que cambiar esta globalización!"

 

VÍCTOR-M. AMELA, LA VANGUARDIA
Cómo ganó su primer dólar?

-Fue a los 17 años: trabajé en una lavandería; y luego pasé a vender zapatos en una tienda.

-¿Se le daba bien?

-¡Sí! Era un buen vendedor: ¡todo el mundo salía contento con sus zapatos nuevos!

-Y de la zapatería..., ¡al Banco Mundial!-Yo tenía facilidad para los números y me atraían mucho los problemas sociales: en la economía pude combinar ambas pasiones.

Y fue en el Banco Mundial donde empecé a ver con mis propios ojos el efecto devastador que la globalización puede tener en los países en vías de desarrollo y, en particular, entre las personas más pobres en esos países.

-O sea, que estamos haciéndolo mal...

-Sí. ¡Hay que cambiar esta globalización!

-Si el actual tipo de globalización continúa así, ¿cómo será el mundo dentro de 50 años?

-¡No puedo concebir que sigamos como hasta ahora! Los problemas son tan grandes... Las desigualdades, tan enormes... No, no, no, no puede ser: ¡hay que cambiar!

-¿Y qué hay que cambiar? Imagine que tiene usted todo el poder: ¡tome tres medidas!

-¿Tres? De acuerdo. Primera: hacer transparentes y democráticas las grandes instituciones mundiales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Que no sólo estén representados ahí países ricos y grandes corporaciones: ¡que todos tengan voz!

-Entendido. ¿Segunda medida?

-Asistir a los países en vías de desarrollo: eliminar el analfabetismo, mejorar sus sistemas de salud y ayudar a la gente a aprender habilidades que les permitan ganarse la vida.

-Algo tendrán que poner ellos de su parte.

-Sin duda: es cierto que algunos de sus problemas son resultado de sus propios fallos. Pero otros, incluida su deuda externa, no.

-¿Es culpa nuestra su deuda externa?

-Sí. Es consecuencia de ayudas occidentales basadas en intereses políticos nuestros.-Por ejemplo.

-Prestamos mucho dinero al Zaire de Mobutu. ¿Era dinero para ayudar al país? No, sólo comprábamos la amistad de Mobutu en el marco de la guerra fría. Ese dinero iría a sus cuentas suizas y lo sabíamos. ¡Y ahora son los pobres de Zaire quienes tienen que devolver esa deuda! ¡Es muy injusto!

-¿Usted condonaría esa deuda?

-Por supuesto. Muchos de esos países jamás conseguirán crecer con ese lastre: gran parte de sus ingresos por exportaciones se perderán en pagar los intereses de la deuda, en vez de invertirse en desarrollo.

-De acuerdo. ¿Vamos a la tercera medida?

-Tercera medida: que el Norte abra sus mercados al Sur, que los países desarrollados abran sus mercados a las exportaciones de esos países en vías de desarrollo.

-Eso justamente es la globalización, ¿no?

-¡Pues no lo hacemos! Somos muy hipócritas: defendemos la apertura de mercados, ¡pero cerramos y protegemos los nuestros!

-Explíquemelo con un ejemplo.

-¿Qué podrían exportarnos los países del Sur? Productos agrícolas y textiles. Para evitarlo, subvencionamos nuestros productos agrícolas y textiles, y así no entran los del Sur.

-¿Y qué propone usted? ¿Cortar las subvenciones a nuestros agricultores?

-Sí.

-Hombre... muchos se irían al garete.

-Hay que hacerlo de manera razonada, estudiada, sopesada... Mire: en Estados Unidos la mayor parte de los 100.000 millones de dólares anuales destinados a subvenciones agrícolas van a granjeros ricos, a grandes corporaciones. ¡No ayudan a los pobres! Si la subvención fuera realmente para ayudar a modestos granjeros apurados...

-¿Es posible un mundo sin pobres?

-Sin la pobreza extrema actual, sí. En el mundo siempre habrá una gente más pobre que otra, ¡pero no esto de ahora, con gente trabajando durísimamente y en la miseria!

-¿Corre peligro la pervivencia en Europa del actual Estado del bienestar?

-Al Estado del bienestar debemos redefinirlo sin cesar. Y bien redefinido, prevalecerá. Suecia lo ha hecho. ¡Y una sociedad que se siente segura se atreverá fácilmente a tomar riesgos, y resultará así más innovadora!

-A la economía española, ¿qué le falta?

-Su crecimiento ha sido fenomenal, y ahora ya les toca invertir en conocimiento: educación e investigación. Deberían cambiar ustedes su marco universitario, de modo que en la universidad pueda investigarse bien.

-Usted asesoró a Clinton. Dígame algo que hicieran mal.

-En 1998 se enviaron miles de millones de dólares para ayudar a la Rusia de Eltsin a sostener alto el tipo de cambio del rublo. Me opuse: vi que esa ayuda se la quedarían los corruptos y que sólo pospondría la crisis tres meses. El Tesoro orilló mi tesis. ¿Qué pasó? Que la crisis llegó en tres semanas y el dinero estaba en cuentas suizas en pocos días. ¡Hubiéramos ganado tiempo ingresándoselo a los gángsters rusos directamente en Suiza!

-¿Por qué el Tesoro no le hizo caso?

-Llegaba una campaña electoral en Estados Unidos y Eltsin había sido la apuesta de Clinton, así que había que sostenerlo como fuera. Resultó mal..., para desgracia de los pobres contribuyentes rusos: ¡ellos fueron los paganos de la campaña de Clinton!

-Deme un consejo para mi economía.

-Mi padre fue niño durante la Gran Depresión y me transmitió valores de austeridad, de sobriedad. ¡Haga usted lo mismo con sus hijos! Y ahorre, para su estabilidad familiar, para su jubilación. ¡Yo creo en la sobriedad y el ahorro! También le confesaré que, hace unos años, tuve suerte: hice una inversión y fue bien. Me rindió mucho, así que...