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Identidades agazapadas |
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| Tunick habría aportado la coartada perfecta -la coartada del arte- para que estas identidades dormidas o largamente agazapadas pudieran salir a la superficie. | |
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| Ernesto Águila Z., Chile-Hoy | |
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Probablemente una de las
cosas más trabajosas en la vida es tratar de ser siempre "uno
mismo". Nos vamos construyendo y cazando con un personaje, y aunque
éste nos pueda ir fastidiando cada vez más, persistimos en su
representación. A veces por desidia, falta de valor o carencia de
estrategia para saber desaparecer y mutar, terminamos viviendo una vida
que presentimos no es la nuestra.
Hace un par de años el artista británico Michael Landy tuvo la siguiente idea: reunir y hacer un inventario de todas sus pertenencias.Llegó al número de 7006 objetos. Esto incluía todos sus libros, ropa,escritos, |
| cuadros (propios y ajenos), discos y cds, fotografías familiares, cama (colchón, sábanas y frazadas), cartas personales (incluidas las de amor), un escritorio, adornos de casa, afiches, objetos de aseo, llaves y, por supuesto, todos sus documentos de identidad. | |
Catalogar todas sus pertenencias le tomó tres años, la idea era que ningún objeto propio se escapara del registro ( ni como veremos, se salvara). Su proyecto artístico se llamaría "La destrucción de Michael Landy". Para realizarlo contrató -en Febrero de este año- una gran máquina trituradora y una cinta transportadora, y las instaló en uno de locales que anteriormente ocuparon los grandes almacenes C&A, en Londres.
Durante dos semanas, los 7006 objetos ascendieron lentamente, uno tras otro, por la cinta transportadora para dejarse caer en la boca negra de la trituradora y quedar reducidos a la nada. Landy no quiso descuidar detalle y realizó este acto vestido con la ropa que le facilitó un amigo para, así, no dejar, por olvido o acto fallido, algún objeto de su pertenencia con vida.
El gesto de Landy mereció algunas opiniones elogiosas (muy pocas), bastante indiferencia y miradas descreídas o irónicas. Siempre el límite entre lo sublime y lo ridículo es tenue. La novia de Landy, Abigail Lane, no reaccionó bien y con indisumulado resentimiento declaró: "La gente lo admirará durante tres segundos por la radicalidad del empeño, pero acto seguido se quedará a solas con sus consecuencias". Y en un arranque de pragmatismo concluyó: "Y en este momento de máxima popularidad, cuando algunos querrán comprar sus obras, no dispondrá de ninguna; estarán todas pulverizadas" (por estas declaraciones es de suponer que el noviazgo de Landy también fue a dar a la trituradora)
¿Que habrá pasado con Landy en las horas, días y años después de su intento de "autodestrucción", es decir, cuando se quedó "a solas con las consecuencias" de su acto? ¿Habrá logrado "borrarse"como era su deseo? Lo que es claro es que debe haber enfrentado muchos problemas prácticos: es difícil imaginar una vida sin documentos personales o ropa propia, o la posibilidad de acariciar recuerdos a través de algunos objetos. Lo más probable es que, si no se transformó en un vagabundo, tendrá que haber empezado a reconstruir su identidad o a construir una nueva. Pero ¿quién tiene la oportunidad de quedar, como Landy, en cero en la mitad de la vida e intentar inventarse de nuevo?
Un amigo que participó en la ya famosa foto de Tunick, me comentaba que la gran mayoría de los participantes parecían normales y tranquilos ciudadanos (imposible que se tratara de 5 mil estudiantes de arte). Daban la impresión de estar realizando algo largamente anhelado y dando expresión a una parte de sí mismos que no pertenecía a ese personaje habitual que debían, día a día , representar. Tunick habría aportado la coartada perfecta -la coartada del arte- para que estas identidades dormidas o largamente agazapadas pudieran salir a la superficie.
El zoom de Tunick había actuado como la trituradora de Landy y se había tragado por unos segundos pudores, compromisos y rutinas. Claro que al día siguiente de la foto, cada uno volvería a su personaje principal: a marcar la tarjeta en una fábrica o en un ministerio, a hacer clases; a viajar envuelto en ese silencio agobiante del metro; a pasear por el mall el domingo. Cabe preguntarse, eso sí, por el porvenir de esta breve e inesperada revuelta, y por las nuevas coartadas y estrategias que utilizarán estas identidades agazapadas para hacerse nuevamente visibles.