El abuso por exceso y defecto de las palabras  

Por: Arturo Rojas. Rector de la FEM.

arojas@cmatoso.com

Montelíbano, agosto de 2002.

 

 “Las conversaciones y los libros raras veces nos dan ideas precisas. Es muy común leer mucho de sobra y conversar inútilmente. Habríamos de tener en cuenta a Locke cuando recomendaba: “definid los términos...”.   

Les comparto una concomitante reflexión propia sobre el abuso con las palabras por exceso,   por defecto y en general por el mal uso. Hace ya más de 20 años Bryan Dixon eligió la voz latina “a minimis incipe”: -a partir de las cosas sencillas-piedra angular de su concepción filosófica de la educación, como previendo el aluvión de palabras que invadiría en un futuro los tertuliaderos pedagógicos en Colombia.   

Pareciera que con frecuencia, mayor a la aconsejable empleamos las palabras excesivamente para definir aquello que puede entender con largueza la inteligencia humana, muchas veces mediante la simple observación de los hechos. Cuántas veces, cual arañas tejemos y atrapamos a nuestros interlocutores en una urdimbre verbal sobre explicando, redundando e insultando, de paso y quizás inintencionadamente, su inteligencia, capacidad de análisis  y sentido común.  

La verborrea no es exclusiva de la educación; con cuánta frecuencia llegamos del médico, por decir, no tan preocupados por su diagnóstico que asevera que tenemos colesterol del bueno y del malo, que con un esfuercito obtendremos los niveles perfectos para asegurarnos una vida sana. ¡Ya quisiéramos carecer tanto del “bueno” como del malo!. Y, tener la certeza de escuchar, en palabras del galeno, que si seguimos comiendo cual leones deberíamos ir separando turno en una casa de pompas fúnebres. Pero no, al exceso de palabras se agrega un temor evidente por decir lo que tiene que ser dicho en el momento que debe serlo. 

Mark Twain, en “la decadencia del arte de mentir” aseveraba el porqué tod@s mentimos para hacer más soportable nuestras vidas. Si no, recordemos el venerable proverbio: “Los niños y los tontos siempre dicen la verdad”; la deducción es obvia: “ los adultos y los sabios nunca la decimos”. En Colombia añadimos que otro personaje goza de la credibilidad: el  borracho. 

Voltaire describía las controversias como espacios en los cuales uno de los argumentadores entiende casi siempre una cosa  y su adversario otra, luego, se presenta un tercero en discordia, que no entiende al primero ni al segundo, pero que tampoco es comprendido. Por cierto, no se refería Don François al mito de la torre de Babel. 

Ahora bien, hay distancia entre la verdad, la mentira y el abuso de las palabras. Sin embargo, es frecuente escuchar que una verdad a medias es lo más parecido a una mentira. Cabría preguntarnos si el exceso de vocablos o la parquedad también, en alguna medida, son verdades a medias en vista que entorpecen la comunicación humana. 

En el ejemplo que aporta Voltaire, al parecer, estos vicios idiomáticos contribuían a la incomprensión de los interlocutores. En sus famosas “Cartas Filosóficas y otros escritos1 relata otra anécdota sobre un viajero quien al llegar a la orilla de un río pregunta a un pescador cuál era el lado menos profundo para cruzar a nado – “id hacia la derecha”- respondió el pescador, el viajero toma la derecha y se ahoga. El pescador al rescatar de las aguas el cadáver le espeta: “no os dije que avanzárais hacia vuestra mano derecha sino hacia la mía”. 

El mundo está lleno de estas equivocaciones causadas por el exceso o el defecto al usar las palabras y de sus indeseados efectos en la comunicación humana. 

Podríamos caricaturizar con los circunloquios “dele al niño bastante líquido perlático de la consorte del toro”  alias leche o, en Méjico: “la mano mano que mecía tu cuna mano, sacó la mano mano” evitando dar con claridad la infausta noticia de la muerte de la madre. 

Estos excesos aparecen vestidos de encantadoras florituras en nuestras plazas públicas en tiempo de elecciones donde el ciudadano olvida que el cumplimiento de las promesas de sus dignatarios elegidos es inversamente proporcional a la cantidad de palabras que usó cuando buscaba sus votos. También cuando sorprendemos a nuestros estudiantes quienes tratan de explicar lo que, a nuestros oídos suena inexplicable. Ni que decir del Padre o madre sobre protectores. Cúmulos innecesarios de palabras que se parecen al ramo de rosas con que regala el borracho cónyuge a su vigilante compañer@ en alta noche. 

El arte del bien decir o de la elocuencia, la retórica, se persigue toda la vida y solo lo alcanzan quienes conozcan las enfermedades, las características, las figuras y los pormenores del lenguaje que afectan negativamente la comprensión del mensaje. Repasemos, recordemos o aprendamos conectando estos fenómenos, columna A del lenguaje humano y su correspondiente definición  columna B como estrategia para evitar caer innecesariamente en la tentación de generar adicción por la retórica vulgar: “abundancia de palabras sin contenido o sin utilidad” o lo que sería peor: “emplear inadecuadamente figuras por desconocimiento o aparentando erudición”.

 

                   A                                                   B 

  1. Elipsis                        -----Discurso extenso e impertinente

  1. Silepsis                      -----Uso de palabras superfluas para dar fuerza a la expresion                                             

  2. Pleonasmo                 -----Decir que se omite algo logrando el efecto contrario.

  1. Metáfora                   -----Decir lo contrario que se quiere afirmar.

  1. Alegoría                    -----Atribuir cualidades de seres vivos a algo inanimado.

  1. Catacresis                 -----Explicar algo con exceso de palabras. Circunlocución.

  1. Metonimia                 -----Repetición de sonidos similares en un enunciado.
  1. Antífrasis                  -----Omitir conjunciones para enfatizar.
  1. Antítesis                   -----Expresar con disimulo palabras malsonantes.

  2.  

  3. Epifonema                -----Descripción  eficaz de algo/ alguien por medio del lenguaje.

  1. Reticencia                 -----Dejar una frase incompleta con la intención que se entienda                                      algo distinto, a menudo con intención malévola.

  1. Perífrasis                 -----Exclamación al final de una frase.

  1. Hipérbole                 -----Oposición de sentido entre dos términos.

  1. Litote                       -----Antónimo mordaz e irónico.

  1. Preterición                -----Uso exagerado e intencional de conjunciones.

  1. Prosopopeya            -----Designar una cosa con el nombre de otra.

  1. Hipotiposis                -----Utilizar inadecuadamente una palabra. El brazo del sillón.

  1. Aliteración                 -----Simbolización de algo por medio de un objeto.

  1. Asíndeton                 -----Omitir una palabra, lo cual no impide la comprensión                                         textual.

  1. Polisíndeton              -----Uso inadecuado del género y el número en textos.
  1. Perorata                     -----Exageración.
  1. Eufemismo                 -----Comparación mental. Dar un sentido distinto al usual.

 

Si a la anterior fenomenología que de uno u otro modo afecta la calidad de la comunicación humana, añadimos las especificidades de la voz, la dicción, el timbre y metal, el tono, los gestos que acompañan nuestras palabras -los intencionales y los inevitables-, el momento, la hora y el mismo escenario que hace también su aporte, comprenderíamos en su magnitud, la complejidad del acto comunicativo y propenderíamos por convertirnos en cultores de la asepsia comunicativa por la razón fundamental de estar investidos como educadores y porque nuestro auditorio, especialmente aquellos en edad escolar, a diario incorpora a su acervo nuestros aciertos o nuestros vicios. 

Cabe también llamar la atención sobre el peligro de emplear inadecuadamente expresiones cliché de la siguiente raigambre: 

Pensándolo bien...

Un momentito...

Déjeme pensarlo...

Trataré...

No me ha quedado tiempo...

Con todo el respeto que usted merece...

Como todas aquellas expresiones de cajón que se emplean en sentido figurado como excusas han perdido su valor sintáctico y la semántica de las mismas le delatará ante su interlocutor quien fingirá creerle, como si le hiciera un favor, pero que terminará por comprender: 

Que usted no lo pensará bien...

Qué tardará mucho más que un “momentico”.

Que así él lo”deje”, usted no lo pensará...

Ni mucho menos tratará

Y que el tiempo no puede ser tomado como excusa porque siempre ha sido igual.

Y, finalmente, que el respeto aducido solo es verbal e introductorio de otra frase sin sentido. 

Factible es, por cierto, que las 6.000 palabras que hoy se atribuyen a los hablantes cultos de las lenguas vivas, se reduzcan con el tiempo a la mitad y  que la mitad de éstas pertenezcan a un metalenguaje especializado en tecnicismos para sobrevivir en sociedades en donde la lectura, la Poesía y la Filosofía serán cada vez más cosa del pasado. Es también perfectamente previsible que desaparezcan del Castellano las mayúsculas y minúsculas; sus “odiosas” tildes, las eñes, las elles y las yes; las jotas y ges y la sorprendente hache al comienzo de palabra y el terrible dilema entre la V y la B; sin perderle el rastro a la diéresis y la sinéresis y al hiato y a los ineludibles tropos y se amalgamen en una las sibilantes S, C, X, y Z. Por razones lógicas de nuestras edades, muy seguramente no daremos testimonio de tales cambios, por lo que es recomendable aprender su uso correcto. Ejemplos de la medida exacta en el ejercicio de la comunicación los encontramos en los legados de nuestros hombres de letras. Tomemos como ejemplo al fabuloso escritor mejicano Juan José Arreola quien en una frase certera y sin mencionar al León, le describe con genial precisión y sin hacerlo, nos habla de leopardos, tigres, guepardos, panteras y jaguares y de su forma de asegurarse el sustento cuando enuncia: 

-         “La falta de melena hace que muchos felinos se busquen por sí mismos el sustento2”,

-         o, su juego magistral de palabras en: “la cebra toma en serio su vistosa apariencia, y al saberse rayada se entigrece”3.

-         Qué decir de la  métrica exacta de los poetas: “El mar se mide por las olas, el cielo por alas, nosotros por lágrimas; el aire descansa en las hojas, el agua en los ojos, nosotros en nada. Parece que sales y soles, nosotros y nada”.4 

Las palabras cual catalizadores deben ser meticulosamente escogidas para no afectar la apropiación de saberes. En este sentido nos compete el rol Helvético: en lo posible neutrales, impidiendo que nuestras confusiones idiomáticas se transfieran negativamente y clonemos idiolectos, indeseablemente.  

Por supuesto, se concede, que cuando E = MC según Hawking - “probablemente la única ecuación de la Física reconocida en la calle y en graffiti”5, o cuando se trate de terminologías específicamente relacionadas con los campos del saber, esa neutralidad del Maestro duele al estudiante por la imposibilidad de simplificar o hacer fácil para la comprensión términos tan comunes como complejos en el ámbito escolar, verbigracia: Tautología, mayéutica, polinomios, aldehídos, memoria RAM, sincretismo religioso, anomia, histología, apnea, sinergia, cubismo y hasta significante y significado. 

La meticulosidad en nuestra comunicación debe impedir que nos convirtamos en obstáculos adicionales para la comprensión. Los caminos para alcanzar la precisión comunicativa, son poco transitados, aunque por todos conocidos: 

-         La lectura como acto de perfeccionamiento permanente y de contacto con la realidad que se pretende aprehender y explicar            a otros.

-         La reflexión escrita sobre lo que hacemos como acto generoso de solidaridad profesional al exponer nuestro pensamiento para que otros lo emulen, perfeccionen o contradigan.

-         la lectura investigativa.

-         El mantenerse al día en nuestro campo del saber sin desconocer el sabor de las otras tajadas de la deliciosa y enorme torta del conocimiento humano.

 

En su: “ verbo innumerable” Porfirio Barba Jacob6 nos regalaba:

Cuando las sombras fluyen bajo la luz eterna

Del crepúsculo, y vuelan en argentinos haces

De lo alto de las torres, alígeros, fugaces,

Los himnos concertados “ad incensum lucerna”,

Oigo, cual si brotaran de lúgubre cisterna,

Vocablos inarmónicos, llamamientos vivaces

A que nadie responde, y epítetos procaces

Como rojizos lampos de la pasión interna...

 

Y no comprendo nada, golpean en mi oído

Palabras errabundas, rumores sin sentido

De atropelladas olas en túrbida marea

Y el corazón demanda, desde su cárcel roja,

Un inspirado intérprete que el  mundo recoja

Y de las voces múltiples un ritmo y una idea.

 A partir de lo sencillo, como aparece en nuestro emblema junto a nuestros corazones, es perfectamente interpretable como una llamada atemporal del fundador de la FEM para la búsqueda constante de la concreción de nuestras ideas en actos de habla expeditivos que acompañados de una personalidad agradable y respetuosa, faciliten a nuestros educandos momentáneos el acceso al, a menudo abstruso mundo de las ideas y de las ciencias humanas.

 Arturo Rojas Ramírez 


1 Voltaire, François Marie Arouet. Cartas  filosóficas y otros escritos. Abuso de las palabras.

2 Narrativa completa. Juan José Arreola. Felinos. Alfaguara.

3 Narrativa completa. Juan José Arreola. La cebra. Alfaguara.

4 Jaime Sabines. Recuento de poemas. Horal. Editorial Planeta.

5 Stephen Hawkin. El universo en una cáscara de nuez. Editorial Planeta.

6 Porfirio Barba Jacob. Poesía completa. El áncora editores.