Fragmento de El laboratorio Curie. En el corazón de una red de competencias.

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De Soraya Boudia. 

La imagen tradicional del Laboratorio Curie es la de un lugar cerrado, dedicado a la ciencia «pura». En Les Palmes de Monsieur Schutz, por ejemplo, los Curie forman una pareja poco atenta al mundo exterior, preocupada por una sola y única tarea: aislar cuerpos radiactivos. La imagen que se desprende del examen de los archivos es mucho más rica. El laboratorio Curie aparece en realidad como el nudo de una potente red científica, industrial, metrológica y médica. ¿Cómo lograron los esposos Curie —en realidad, muy pronto sólo Marie Curie— reunir en un mismo lugar unas actividades a primera vista tan alejadas las unas de las otras? La diversidad que caracteriza el laboratorio Curie responde a una lógica que vamos a analizar ahora a la manera de un químico que trata de disociar todos los elementos de una mezcla. 

Radiactividad 

En un principio, la palabra inventada por Marie Curie designaba tanto la emisión espontánea de radiación por una sustancia radiactiva como el estudio de sus propiedades físicas y químicas. A raíz de las primeras investigaciones de Becquerel sobre el uranio en 1896-1897 y después del descubrimiento del radio y el polonio en 1898 por los Curie, los trabajos sobre los radioelementos se intensificaron y el número de publicaciones sobre el tema no cesó de aumentar. Pero durante muchos años la radiactividad fue una ciencia de contornos bastante vagos. ¿Cómo clasificar aquella nueva disciplina? ¿Era física, química o ambas cosas a la vez? No había acuerdo al respecto. Así lo ponen de relieve las discrepancias entre los comités Nobel de física y de química. En 1903, el comité Nobel de química se opuso durante un tiempo a la atribución del premio de física a los Curie calificando a estos últimos de «químicos». Años más tarde, ante la sorpresa general, los trabajos del físico Ernest Rutherford fueron recompensados con un premio de química... 

En los años 1920, la comunidad de los expertos en radiactividad se fue estructurando a través de una red de laboratorios, los más importantes de los cuales fueron el Instituto del radio, de París, codirigido por Marie Curie, el de Viena, dirigido por Stefan Meyer, el laboratorio Cavendish de Cambridge, encabezado por Ernest Rutherford, y el Kaiser Wilhelm de química de Berlín, bajo la dirección de Otto Hahn y Lise Meitner. Estos laboratorios tenían unos enfoques y unos sistemas experimentales bastante diferenciados. El Cavendish, por ejemplo, se dedicaba al estudio físico de las transformaciones radiactivas, de los mecanismos y de los productos de desintegración; el de Berlín, en cambio, destacaba por la identificación y el estudio de nuevos cuerpos radiactivos, así como por el estudio físico de los radioelementos. 

En Francia, el laboratorio Curie era en aquel entonces el laboratorio de investigación más importante (teniendo en cuenta todas las disciplinas) por su producción y su número de investigadores. Creado especialmente para Marie Curie por la Universidad de París y el Instituto Pasteur antes de la guerra, era uno de los dos laboratorios del Instituto del radio. Mientras que Marie Curie se encargaba de la dirección de la investigación acerca de las propiedades fisicoquímicas y la radiación de las sustancias radiactivas, Claudius Regnaud, médico de Lyon conocido por sus trabajos sobre los rayos X, coordinaba el laboratorio de investigación sobre las aplicaciones biológicas y médicas. 

Cuando se instaló en su nuevo lugar de trabajo, Marie Curie ya era una científica reconocida. Su carrera había empezado en un vetusto hangar de la Escuela de física y química industriales de la Ciudad de París (EPCI), donde Pierre Curie era profesor. 

Fue en este hangar de la calle Lhomond donde los Curie descubrieron en 1898 el polonio y el radio. Nombrado, tras su primer premio Nobel, profesor de la Universidad de París, Pierre Curie había logrado la creación de un nuevo laboratorio en la calle Cuvier. Marie había sido allí jefa de trabajos y luego directora a la muerte de Pierre Curie en 1906. Era una de las pocas mujeres, por no decir la única, en ocupar una situación tan importante en el mundo científico. 

Industria 

Muy pronto, el laboratorio Curie emprendió la extracción y la identificación química de los radioelementos y la preparación de las fuentes radiactivas. A tal fin, los Curie, y luego Marie sola, elaboraron una «estrategia de acumulación» de los cuerpos radiactivos que les llevó a crear, impulsar y desarrollar la industria de los radioelementos. En 1898, en efecto, los Curie toparon con un problema de orden práctico: el polonio y el radio que querían extraer de la pechblenda figuraban en este mineral en cantidades infinitesimales. Para obtener concentraciones suficientes, tenían que tratar unas cantidades cada vez más importantes de minerales y el espacio del laboratorio no bastaba. En 1899, recurrieron a la Sociedad central de productos químicos, que desde hacía unos años comercializaba ya los instrumentos de Pierre Curie. 

Fue André Debierne, antiguo alumno de la EPCI y preparador de la facultad de ciencias, quien adaptó a escala industrial las técnicas de extracción puestas a punto por los Curie en el laboratorio. Gracias a este primer tratamiento industrial, Marie Curie, en 1902, logró aislar suficientes cloruros de radio como para determinar el peso atómico de este elemento. 

Pero las relaciones de los Curie con el medio industrial no quedaron ahí. A partir de 1904, se estableció una colaboración regular entre el laboratorio y Armet de Lisle, un industrial químico. Tras consultar a los Curie, éste fundó en Nogent-sur-Marne la primera fábrica completamente dedicada a la fabricación comercial de radioelementos, que llamó «Sales de radio». Pierre y Marie Curie intervinieron en varias ocasiones para darle consejos sobre las técnicas de tratamiento de la pechblenda; algunos de sus colaboradores más próximos, como Frédéric Haudepin, químico de la Sociedad central de productos químicos, y Jacques Danne, preparador de Pierre Curie y secretario de redacción del mensual Le radium, estuvieron estrechamente asociados a la fábrica. Danne —a la vez que seguía trabajando en la calle Cuvier— organizó su funcionamiento. Otros investigadores del laboratorio fueron empleados en Nogent. 

Para los Curie, la fábrica representaba un espacio suplementario: allí trataban sus minerales y mejoraban las técnicas de extracción, que también serían de utilidad para los industriales. Sin esta estrecha colaboración, Marie Curie no habría conseguido aislar, en 1907, los cuarenta centígramos de cloruro de radio que le permitieron reestimar el peso atómico del radio. El año siguiente, el laboratorio Curie disponía en la fábrica de Nogent de un local que le servía de anexo. 

Pero las relaciones del laboratorio Curie con la fábrica «Sales de radio» no eran excepcionales. El laboratorio también mantenía vínculos estables con las demás fábricas de radio de Francia, unos vínculos tanto más fáciles cuanto que varios próximos colaboradores de los Curie estaban personalmente comprometidos en la actividad industrial: Danne, en 1912, fundó con su hermano (también antiguo investigador del laboratorio Curie) la «Sociedad industrial del radio» en Gif-sur-Yvette; Albert Laborde pasó a dirigir el servicio de medidas y purificación de la «Sociedad anónima de tratamientos químicos» instalada en la isla Saint-Denis y fundada por Henri de Rothschild en 1910. 

La falta de salidas en la investigación (y especialmente en radiactividad) explica en parte la migración de los investigadores del laboratorio Curie hacia el campo industrial. En 1922-1923, sólo cinco investigadores de los dieciocho del laboratorio estaban remunerados por la facultad de ciencias. Es verdad que el laboratorio disponía, a partir de 1906, de becas especiales (las becas «Carnegie-Curie»), pero sólo en número de cuatro o cinco anuales. Así pues, un tercio del personal del laboratorio estaba constituido por trabajadores libres que no percibían ninguna remuneración por sus trabajos. 

En los años 1904-1910, la escasez de radio y el embargo del gobierno austriaco sobre las exportaciones de pechblenda estimularon la prospección de nuevos yacimientos de uranio. Además de la pechblenda, empezaron a explotarse industrialmente la autunita y la carnonita. Para cada mineral, había que elegir los reactivos y determinar las técnicas de tratamiento al término de largos y múltiples ensayos. El laboratorio Curie era el interlocutor privilegiado de estos industriales. A largo plazo, la intención de Marie Curie consistía en disponer de una entidad industrial capaz de tratar grandes cantidades de minerales. Acabó consiguiendo sus objetivos a fines de los años 1920 con la creación de un anexo en Arcueil dedicado exclusivamente a los tratamientos industriales de los radioelementos.